¡Enganchados!

lunes, 10 de diciembre de 2012

Antes de que salga el Sol (VI)


¡Hola a todos! Después de tanto tiempo (y de terminar casi todos mis exámenes) he logrado ponerme de nuevo y escribir otra vez. Aquí os traigo un nuevo capítulo de Antes de que Salga el Sol. Espero que os guste y disfrutéis mucho o incluso más de lo que disfruté yo escribiéndolo. Además, dentro de poco haré un viaje a Italia por lo que estaré ausente otra semana :) Siento no poder escribir, peor os prometo que haré un reportaje y lo subiré mientras os cuento todas las anécdotas que logre sacar :D 

Un feroz abrazo,

M y M.


Capítulo 6


Sus ojos se habían cerrado sin darse cuenta y la imagen de aquel ángel tocándola sensualmente le había hecho abrirlos apresuradamente. Maldita sea… Ni ella misma comprendía por qué diablos había hecho aquello. Me estoy volviendo loca. Ese pensamiento no se alejaba de su cabeza y había comenzado a creer que era cierto. ¿Cómo se había dejado seducir tan fácilmente y se había metido en la cama de ese hombre sin preocuparse absolutamente de nada? Joder… ¡No hacía ni tres días que lo conocía! O eso creía ella…
De repente, un fría húmedo entró por la ventana helándole todas y cada una de las partes de su cuerpo. Además de ella, parecía que el tiempo también había enloquecido de un momento a otro. Se levantó del cómodo y precioso sillón de un tono dorado y se dirigió a la amplia ventana, que daba a un balcón con vistas a las etéreas luces de la ciudad, para cerrarla.
Se colocó justo al lado de esta, pero no pudo moverla del sitio. No, porque un ser de unas alas más oscuras que la noche, estaba sentado en la barandilla mirándola intensamente con unos ojos tan negros que llegó a pensar que iba a ser absorbida por ellos. A pesar de eso, tenía un cabello del color de la nieve que contrastaba de una forma deslumbrante y le daba un toque de lo más cautivador. ¿Quién era aquel ser tan fascinante? Salió al exterior y no pudo evitar que sus pies dieran unos ansiosos pasos en su dirección.

-          Hola Alexandra.

¿Cómo? ¿Alexandra? ¿Por qué demonios la conocía y la había llamado por ese nombre? Sin embargo, a pesar de no recordarle, después de lo que había vivido pensó que tampoco era nada extraño. Seguramente sería alguien a quien habría olvidado, tal y como le habían dicho.

-          ¿Hola?- Su voz, a pesar de lo que pensaba, denotaba cierto tono de desconfianza, como si no quisiera ejecutar las órdenes que su cerebro le enviaba- ¿Quién eres?

Los ojos de aquel hombre comenzaron a brillar con intensidad, como si un interés oculto y una diversión infantil hubieran despertado en su interior.

-          ¿No te acuerdas de mí?

Trató de concentrarse en su rostro, en sus rasgos. No. Si alguna vez hubiera conocido a un hombre tan sumamente atractivo y elegante, se acordaría. A pesar de eso, había algo en él que le era familiar, aunque no conseguía adivinar el qué.

-          Lo siento- ¿Por qué se disculpaba?- Olvidé todo lo relacionado con este mundo.

Sus labios se movieron ligeramente hasta formar una sonrisa arrebatadora y ella no pudo evitar morderse el labio inferior para no decir nada que no debiera.

-          ¿Por qué te muerdes el labio?

Y en un abrir y cerrar de ojos, aquel oscuro y a la vez brillante ángel voló de una forma perfecta en su dirección y colocó su dedo pulgar en el labio. Lo deslizó suavemente alrededor de su boca y luego le tomó del rostro en un gesto afectuoso.

-          ¿Quién eres…?

Notó como sus rasgos se aterciopelaban y la rozaban en una suave caricia con sabor a melocotón. Entonces se acercó y la besó delicadamente en la frente. Sus labios estaban fríos y un escalofrío recorrió su cuerpo, ¿o no habría sido solo el frescor? Se separó y la miró con un profundo matiz cariñoso, como si la conociera de hacía bastante tiempo.

-          ¡Oh, querida mía!- Sus palabras salían de él como melodías armónicas envueltas con un manto de paz, de tranquilidad- Si te lo dijera, querrías matarme.

¿Matarlo? ¿Ella? ¿Por qué habría de hacer tal cosa? Intentó indagar más a fondo en su mente, para lograr encuadrar muchas cosas que no comprendía. Para empezar, a pesar de que conocía a Duncan desde hacía apenas unos días, se sentía terriblemente atraída hacia él en todos los sentidos. En segundo lugar, ¿qué le pasaba al tal Igor con ella? Desde que la había visto por primera vez, sentía que cada vez que la miraba, la asesinaba sigilosamente con la mirada. También, su vida había sido una especie de mentira todo este tiempo y ella no recordaba absolutamente nada de su pasado. Y, encima, ahora aparecía este flamante e increíble hombre que la trataba como una princesa de cuento y no quería desvelar su identidad. Su curiosidad aumentaba por momentos y sentía la necesidad de alejarse de aquel hostil lugar al lado de aquel hombre misterioso y seductor. ¿Tan grave sería si lo hiciera? Sin embargo, la imagen de Duncan se plantó en su mente y le hizo retroceder ante esta acción. ¿De verdad el mero pensamiento de que él podría enfadarse la preocupaba?

-          Bueno querida Dröttningu, lamento anunciar que me tengo que marchar.

-          ¿Qué? ¿Te vas?

-          Sí preciosa, es el momento de mi despedida.

Y arrodillándose cual caballero de noble armadura, le tomó la mano y se la beso en un signo de despedida. Entonces, con un sutil movimiento de sus alas, se alejó de ella y ascendió al cielo.

-          ¡Espera!

Ante su inesperada llamada, el ángel de los cabellos nevados se giró hacia ella.

-          ¿Sí?

No podía quedarse allí, callada, si saber qué hacer, esperando que el tiempo le diera las respuestas que buscaba. No. Tenía que hacer algo y sentía que él podría ayudarla.

-          ¿Cuándo podré volver a verte?

Entonces la sonrisa que se dibujó en el rostro del ángel le dieron una sensación de que lo que estaba haciendo estaba mal y que no debía acercarse a él, pero quería respuestas y las quería lo más antes posible, así que decidió callar esa voz que le decía que no lo hiciera.

-          Podrás volver a verme cuando lo desees ya que tú y yo, Alexandra, estamos conectados.




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