¡Enganchados!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Antes de que salga el Sol (V.I)

Capítulo 5.1


Fueron hasta un exótico hotel que desprendía el sabor de la pasión y la lujuria. Era puro sexo. La pelirroja se acercó al mostrador y pidió la llave del ático. El hombre parecía conocerla y le dio el objeto con una media sonrisa en sus labios. Subieron con cierto nerviosismo y el ascensor no ayudaba para nada a detenerlo. Él se dio cuenta de que aun no se habían mirado a los ojos desde que había decidido acompañar a aquella mujer que parecía morirse por sus huesos. Fijó sus ojos en ella. Tenía una extraña mueca en el rostro que le dio la sensación de que aquello no iba del todo bien. Su sexto sentido nunca le había fallado así que, ¿por qué hacerlo aquella vez? Sin embargo decidió esperar. Decidió aguardar a ver que o quien le estaba esperando arriba del todo.

El ascensor se detuvo y la pelirroja le cedió el paso primero (seguramente para cerciorarse de que no escapara del lugar). ¿De verdad una simple y débil humana creía que podría contra los poderes de un ángel? Pero claro… Todos los miembros de su clan tenían la increíble habilidad de esconder las alas para pasar desapercibidos ante la gente así que era difícil conocer si él era un ángel o no, aunque sabía que algunos de ellos conocían ciertas cosas acerca de su existencia, aunque no fuesen muchas.

Se paró justamente en frente de la puerta del ático y la pelirroja la abrió con las manos temblorosas. ¿Acaso temía algo? Bien… Parecía que aquella noche sería de lo más entretenida.

-          Pasa- Su voz daba a ver claramente que tenía algo sucio en mente- ¿Por qué no vas al salón?

Dicho y hecho. Tampoco estaba para muchas complicaciones. Se dirigió ante la puerta del salón y agudizó el oído. Había personas dentro y escuchó la conversación que estaban teniendo.

-          ¿Y dices que es un ángel? ¿Seguro que no me mientes?

-          Sí. El otro día lo vi volando en un bosque perdido a las afueras de Nueva York. Tenía las alas del color del fuego y era demasiado guapo como para ser real.

-          En fin… Nunca me he fiado de esas patrañas, pero si es cierto lo que dices nos haremos ricos.

Las plumas de los ángeles eran perseguidas por los humanos ambiciosos y ansiosos de poder. Estaban cegados por una barrera de codicia que siempre los llevaba al foso más oscuro y profundo que existía. Su muerte. Nunca había sentido lástima ni compasión ante aquellos que intentaban tocarle lo más mínimo. Lo único que había hecho era arrancarles su corazón de una forma rápida y eficaz, matándolos en el acto sin que tuvieran opción de contratacar.

-          ¿No vas a entrar?

Había olvidado por completo que la mujer seguía presente, así que le tendió su mano y le ofreció el paso.

-          Tú primero.

La joven pareció ponerse tensa, lo que le demostró definitivamente que no quería nada más que el dinero que le esperaba tras aquella puerta.

-          ¡Oh! No te preocupes. Yo iré primero al baño. Adelántate tú.

-          Si lo deseas.

Justo cuando ella desapareció, se situó enfrente de la sala y, cuando entró, las caras de los hombres reflejaron el terror que sentían al verlo aparecer. ¿O quizás no? No… Él se equivocaba. El miedo que vio en sus ojos fue el que uno teme cuando la muerte le susurra en el oído. El tipo de turbación que solo se siente cuando ves a un monstruo aparecer ante ti.




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