¡Enganchados!

martes, 28 de agosto de 2012

Antes de que salga el Sol (IV.IV)

Capítulo 4.4

Joder. No sabía que cojones hacer. Ivett se había caído desmayada y la había cogido entre sus brazos para conducirla a su habitación. Aun seguía con los ojos cerrados y no parecía tener bonitos sueños. No paraba de moverse inquieta y de decir cosas inentendibles en sueños. ¿Qué demonios había pasado?

Se había sentado en una de las butacas que tenía y había permanecido con los dedos cruzados apoyado en ellos. No le gustaba esa situación y nunca le habían gustado, pero no podía hacer nada ante aquello. Se levantó y comenzó a pasearse de un lado a otro. ¿Qué debía hacer? Se acercó hasta ella y quedó a escasos centímetros de su rostro. ¿Por qué diablos tenía que ser tan tremendamente perfecta? Se apartó de su lado impidiendo que sus deseos hicieran algo de lo que luego se podría haber arrepentido. Además, estando dormida no habría sido correcto. ¿Cuándo volverían sus recuerdos? Sin ellos nunca lograría recuperar sus poderes y sin ellos… Nunca lo recordaría a él, ni todo lo que pasaron juntos. ¿Por qué tenía que sentirse tan atraído hacia ella? Si nunca hubiera pasado aquellos ratos a su lado, jamás se habría preocupado por la mierda que estaba pasando. Ahora mismo debería estar ahí fuera, buscando a algunos Súrdavar y destruyéndolos mientras escuchaba los gritos de agonía que desprendían cuando los hacía sufrir como solo él sabía. Entonces se paró en seco y pensó. ¿Por qué estaba allí? ¿Acaso no podía llamar a otra persona que lo suplantara para cuidarla y salir a la ciudad para cumplir su misión de jefe del clan? ¡Claro! Cogió el móvil Samsung Galaxy Age S Plus que llevaba en el bolsillo y marcó el número de Mery. Al poco tiempo, la mujer descolgó el teléfono y respondió.

-          ¿Dígame?

-          Mery, ven deprisa a mi cuarto.

-          ¿Por qué? ¿Qué ocurre señor Duncan?

-          Ivett se ha vuelto a desmallar y yo no puedo ocuparme de ella. Te encargo que la cuides y me informes cuando su estado haya mejorado.

-          De acuerdo, voy en seguida.

-          Te lo dejo a ti. Envíame un mensaje en cuanto despierte, ¿de acuerdo?

-          Vale.

-          Pues me voy. Luego hablamos.

-          Hasta luego.

-          Adiós.

Y nada más colgar, cogió unos pantalones, una camiseta y unas gafas de sol negras y se dirigió a la sala de armas. Tomó un par de pistolas que guardó sujetándolas en sus piernas y, tras agarrar su navaja mariposa favorita, se marchó en busca de un poco de violencia.






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