¡Enganchados!

sábado, 25 de agosto de 2012

Antes de que salga el Sol (IV.III)

Capítulo 4.3



-          Alexandra… Alexandra…

Abrió con lentitud los ojos. Se sentía extremamente cansada y no podía mover su cuerpo. Una voz la llamaba, pero no sabía quien era, ni de donde venía.

-          Alexandra…

Decidió volver a cerrar los ojos. Tenía mucho sueño y lo único que deseaba era desconectar.

-          ¡Alexandra!

Ahora sí. La voz subió rápidamente de tono y le taladró el tímpano haciendo que se levantara del lugar en el que estaba dormitando. Miró a todos lados. Nada. Ni un solo alma se encontraba allí. ¿En dónde estaba? Le rodeaba una especie de plaza enorme, totalmente desierta y con el olor de la muerte constante. No sabía de qué le sonaba aquel sitio, pero no le agradaba demasiado estar allí.

-          Alexandra…

Y otra vez esa voz. No paraba de llamarla Alexandra y Alexandra. Lo cierto es que Ivett le gustaba mucho más.

-          ¡Qué!

No sabía quien la llamaba, ni desde donde lo hacía, pero decidió responder a aquella voz que la nombraba sin cesar.

-          Sigue mi voz…

Ivett cerró los ojos y escuchó con atención. Si se concentraba del todo, podría averiguar la ubicación del sonido.

-          Estoy aquí…

¡La encontró! Dio media vuelta y se encontró con una casa en ruinas. Estaba totalmente destrozada y solo quedaba de ella algunos restos y demás.

-          Sigue mi voz…

Comenzó a caminar en aquella dirección y cruzó la entrada principal que aun seguía en pie. Traspasó la mitad del edificio, saltando rocas y llevando cuidado de no caerse. Llegó al final y salió a un amplio jardín. En comparación con todo lo que había visto, aquel jardín lleno de rosas, tulipanes, margaritas y completamente verde, se distanciaba mucho de la oscuridad que parecía cernir a toda la ciudad que había visto hasta ahora. Era realmente hermoso y no pudo evitar arrancar una flor y comenzar a olerla. Deliciosa.

-          Alexandra…

Mierda… Casi se le olvidaba el motivo por el que había cruzado aquella casa.

-          ¿¡Dónde estás!?

-          Estoy aquí… Detrás… Tuya.

Los pelos se le pusieron de punta. Una extraña sensación de que algo malo iba a pasar le recorrió el alma y, girándose lentamente, encaró a lo que, desde el principio, había estado detrás suyo todo el tiempo.

Al darse la vuelta, no pudo creer lo que tenía delante. Era ella. Una persona completamente idéntica la estaba mirando profundamente. Tenían exactamente la misma apariencia y la única diferencia era que aquel clon que la había seguido todo el rato, llevaba un largo y aterciopelado camisón blanco. ¿De dónde había salido?

-          ¿Quién eres?

Su otra yo la miraba sin reflejar ningún sentimiento en su cara. Era como un muñeco, una persona sin alma.

-          Yo… Soy tú.

¿Qué era ella? Pero… Eso era imposible. Si ella estaba allí de pie, era absolutamente improbable que también fuera la otra persona.

-          ¿Qué eres yo? Pero… Eso es imposible.

-          No. Yo… Soy… Tú…

-          ¿Y quién soy yo entonces?

-          Tú… Eres… Mi corazón.

¿Su corazón? No… Acaso ella era…

-          ¿Eres… la antigua Alexandra?

Una tímida sonrisa se dibujó en sus labios.

-          Sí. Encantada de verte.

Al menos ya podía oírla mejor. Conque la antigua arcángel…

-          ¿Qué hago yo aquí? ¿Acaso me has convocado tú?

-          Exacto. Te he convocado porque te prometí que lo haría.

-          ¿Qué me lo prometiste? ¿Cuándo?

-          Te lo prometí antes de que me pidieras que bloqueara tus recuerdos.

-          ¿Mis recuerdos? ¿Tú fuiste que los encadenó en alguna parte profunda de mí?

-          Yo solo hice lo que tú me dijiste que hiciera.

-          Entonces… ¿Yo te pedí que me borraras los recuerdos? ¿Por qué?

-          Porque…

Y ella desapareció en menos de un segundo.




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