¡Enganchados!

viernes, 24 de agosto de 2012

Antes de que salga el Sol (IV.II)

Capítulo 4.2


Sabía que la furia se había apoderado de él y, la verdad, no le importaba. En ese momento se sentía más fuerte y feroz que nunca. Además, la cara de miedo que ella estaba poniendo al ver su lado más oscuro le daba cierto morbo. Quizás estuviera loco de remate, pero ella misma había causado aquella situación. Si al menos recordara… Pero, a parte de no hacerlo, se lo había restregado por la cara y había pasado por su lado sin ni siquiera mostrar un atisbo de interés hacia él. En aquel instante, sentía como si algo dentro de sí se hubiera encendido, como si sus instintos primitivos aparecieran después de haberlos mantenido ocultos tanto tiempo. ¿Por qué? ¿Por qué solo ella conseguía ponerlo así? Estaba enfadado, colérico, irritado, cabreado. Tenía unas tremendas ganas de coger todo lo que hubiera a su paso y destruirlo con la fuerza que le había sido otorgada. La volvió a mirar a la cara. Sus ojos mostraban que realmente se había olvidado de él, que ya no sabía ni quien era y que no sentía lo mismo que sintió en aquellos tiempo. ¿Qué tenía que pasar para que aquello cambiara? ¿Qué demonios tenía que hacer para que recuperase todos sus recuerdos y poderes? Maldijo por lo bajo y la encaró. Su propia mirada era seria y encolerizada, pero también percibía como desprendía chispas de ardor y deseo. Ya no podía más…

-          ¡Quítate de en medio! Si no lo haces voy a…

Ya no pudo hablar más debido a que unos furibundos labios impactaron con un violento beso en los suyos. Era un beso desesperado e impaciente. El típico que das cuando te rindes ante tus sentidos más salvajes. Ella se quedó inmóvil ante aquel momento y no supo que hacer. Sabía que no debía permitir aquel acto, pero algo en su interior, y no sabía el qué, le decía que tampoco debía apartarse. Le decía que aquello era en realidad lo que ella misma quería y que no debía echarse atrás. ¿Qué le estaba ocurriendo? Sin embargo, no hizo caso a esa pequeña vocecilla interna y lo separó de un empujón. Lo miró a los ojos con rabia, con unas ganas inmensas de pegarle un puñetazo.

-          ¿Pero quién te has creído que eres? ¡Sal ahora mismo de mi vista!

Sin embargo, aun por las peticiones que ella estaba pronunciando, Duncan no movió ni un pie del sitio. ¿De verdad pensaba que él se iba a ir así por las buenas? No. Tenía la firme idea de no dejarla marchar por un largo, pero que muy largo rato.

-          ¿Qué me vaya? Siento informarte de que no tengo planteamientos de irme.

-          ¡He dicho que te largues!

Entonces fue cuando alzó la mano para encajarle un buen derechazo en toda la cara, pero, olvidando que se enfrentaba a un arcángel, este esquivó el ataque con absoluta precisión y, con la misma rapidez con la que lo había hecho, la cogió del brazo y, tirando de ella, volvió a besarla con firmeza. Sin embargo, aquel beso no había sido igual que el anterior. No. El beso de ese momento le supo a deseo, a anhelo, a pasión… Le supo a amor.
Cuando por fin se separó de ella, sus ojos se habían vuelto de nuevo verdes y su rostro reflejaba una extraña paz. Sus músculos se habían relajado y ya no la apretaban con tanta rudeza. En vez de eso, movía su mano haciéndole unas tiernas caricias.

-          Eres tan hermosa… Vuelve a mí de nuevo, mi Dröttningu.(princesa)

Y tras esa palabra, un fortísimo dolor de cabeza reapareció de nuevo en ella y le hizo caer de rodillas al suelo. Aquella vez no se desmayó, sin embargo cuando abrió los ojos su mundo había desaparecido y había acabado en otro lugar, pero… ¿En dónde diablos estaba?





Pd: Siento que la chica no sea rubia ni tenga puestos unos vaqueros, pero describe el momento del beso robado perfectamente y me llegó al alma ^^

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