¡Enganchados!

viernes, 10 de agosto de 2012

Antes de que salga el Sol (III.I)

Capítulo 3.1


No, no lo estaba. Sin embargo, ¿qué más podía ser? Lo único que recordaba desde aquel momento fue que despertó en la camilla de un hospital con un fuerte dolor de cabeza y que tenía una terrible herida en el lado derecho de su costado. Cuando preguntó quien era y como había llegado hasta allí, lo único que le dijeron fue que la habían encontrado en muy mal estado y que la habían atendido al momento. Le diagnosticaron que había sufrido un golpe en la cabeza que le había provocado amnesia y, por aquel motivo, había perdido todos sus recuerdos. Lo único que había traído con ella había sido un papel en el que figuraban todos sus datos. ¿Acaso alguien lo había puesto allí?

-          Si todo lo que estás diciendo es verdad, ¿cómo puedes probar que soy yo a quien buscas y que no te has equivocado de persona?

Sus labios esbozaron una mueca que era algo parecido a una sonrisa, entonces, unos dientes perfectos y blancos aparecieron riendo en signo de victoria.

-          ¿Alguna vez has oído hablar del símbolo de los Dioses?

-          Sí. Es una historia absurda sobre los dones que los estos dejaron a ciertas personas. ¿Y?

-          ¿Conoces la profecía de la Diosa?

-          No, eso ya no.

-          Pues yo te la cuento. Según la leyenda, la Diosa Afrodita conoció a una mujer en el mundo de los humanos que llegó a enamorarla por su perfecta belleza, sabiduría y justicia. Se contó que fue tal su atracción hacia ella que la bendijo con un poder sobrenatural, uno que la diferenciaría del resto del mundo. La bendijo, con el poder arcano, el poder de lograr sobrevolar los cielos y dominar el mundo. Y, para comprobar que la leyenda era cierta, la marcó con un símbolo. Justo en la parte de atrás de su cuello, en el centro de la nuca, la tatuó con una señal, la señal de los Dioses. Dos medias lunas unidas que simbolizaban la unión entre el mundo humano y el mundo celestial. Además, según se habló de aquel mito, las medias lunas se volvieron una sola cuando la joven se enamoró e intercambió su corazón con la persona que ella amaba. Sin embargo, lo que ella no esperaba era que la persona a la que había dado su corazón era un ser vil y cruel. Era el rey de los “Shadows”, se llamaba… Deuce. Por aquel entonces, Deuce había permanecido escondido del mundo ya que era perseguido por nuestros antepasados. Era un tipo débil, pero muy escurridizo y siempre conseguía escapar de un modo u otro. Sin embargo, cuando se encontró con la joven arcángel, usó una serie de trucos que hicieron que ella se enamorara de él y, así, poder robarle el corazón y conseguir un poder sobrehumano.

-          ¿Entonces…?

-          Entonces logró su propósito y formó un ejército de miles de Shadows, que se hacen llamar por muchos nombres como vampiros, demonios, sin almas y más.

-          ¿Y qué pasó con la arcángel?

-          Al darse cuenta del error que había cometido, le rogó a Afrodita que hiciera algo para solucionar el mal que ella misma había causado. Esta, al ver el dolor y el arrepentimiento en sus ojos, aceptó su petición y le hizo entrega de una espada, la espada Masayoshi, que significaba “Justicia”. Gracias a esta, exterminó a todo el ejército que amenazaba la paz del planeta. Sin embargo, cuando tuvo que enfrentarse a Deuce, su propio amor hacia él le prohibió matarlo y este huyó del lugar. La arcángel, se prometió a sí misma que jamás volvería a cometer el mismo error de nuevo y solo cuando estuvo realmente segura de quien era el indicado, se unió con él y tuvieron una hija con unas preciosas alas blancas. Así, el símbolo de la Diosa se fue propagando y, ahora, solo un reducido número de personas lo poseen y tienen esos poderes.

-          Y si existen más ángeles, ¿por qué ese tal Deuce solo me persigue a mí?

-          Porque… Tú eres la elegida. Eres la última descendiente de aquella arcángel y la única que ahora puede destruir a Deuce. Sin ti, un terrible caos gobernaría en el mundo y sería el mismísimo infierno. Por eso, tu misión es encontrar a Masayoshi y acabar por fin con el mal que nos acecha cada vez más.

-          Y, ¿cómo sabré como encontrarla?

-          No la encontraras, ella te encontrará a ti.

-          Entonces… ¿Cómo es ese tal Deuce?

-          No lo sabemos.

¿Qué no lo sabían? ¿Aquello era una broma y se estaban riendo de mí? ¿Cómo era posible que no lo supieran?

-          ¿No lo sabéis? Pero, ¿no fuisteis vosotros los que luchasteis contra él?

-          Solo los más viejos conocen algunas facetas de Deuce, pero por el momento ha estado en la sombras. Escondido y esperando.

-          ¿Esperando a qué?

-          A ti.

-          Entonces pretendes que busque a un tío que va por ahí flirteando de ser el rey de unos Shadows o como les llamen y que supuestamente me quiere a mí para…

-          Robarte el corazón y hacerse mucho más fuerte e imparable.

-          Eso, eso… Y, ¿ni siquiera sabéis nada? ¿Dónde puede estar? ¿Cómo es su rostro? ¿De que color es su pelo?

-          Los únicos datos que tenemos es que se caracteriza por sus enormes y oscuras alas. Las alas de la muerte.

-          Conque las alas de la muerte, ¿eh? Bueno. Por lo visto, no tengo más remedio que creerme esta locura y quedarme aquí, ¿verdad?

-          Sí. Es lo más seguro para ti y para todos. Además, aun tiene que despertar.

-          ¿Despertar? ¿El qué?

-          Al arcángel que llevas dentro, y yo te ayudaré a que lo consigas.

Y dicho aquello, unas enormes y resplandecientes alas con unos reflejos rojizos aparecieron de la espalda del hombre y la envolvieron completamente, impidiéndole poder observar nada más.



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