¡Enganchados!

domingo, 20 de mayo de 2012

No me abandones en la Oscuridad (V.I)

Capítulo 4.1


Había cerrado los ojos lo más fuerte que podía. Pensaba que si hacía eso, despertaría de la pesadilla que estaba viviendo. Dejé mi mente en blanco, con el intento de que todo fuera a desvanecerse y despertara en mi cama, junto a todas mis cosas. Entonces comencé a recordar mi hogar. Vivía en un piso en el centro de la ciudad. Trabajaba en el hospital como cirujana y mi labor siempre había sido alabada. Se me había dado bien todo lo relacionado con la medicina desde que aprendí a curar un pájaro por primera vez a los cinco años. Lo recordaba como si hubiera sido ayer. También estaba Nano. Nano era mi perro. Un Hunky Siberiano blanco. Lo había encontrado mal herido y abandonado en una acera cercana al puente de la ciudad. Se le había acercado y le había lamido la mano, haciéndole pensar que le estaba pidiendo su ayuda. Así pues, cogió al perro y lo llevó a su apartamento, donde lo curó y alimentó, hasta que el perro volvió a sanar. Desde entonces, él nunca se había separado de su lado. 

De repente, una pequeña y helada mano tocó su cara. Abrió los ojos tan rápidamente que se sorprendió al ver al niño en frente suya. Le estaba acariciando la cara y le sonreía de una manera espeluznante...

- No me toques...

Sabía que ya no tenia esperanzas de vivir, así que no le importó decirle todo lo que le venía en gana.

- ¿Por qué?

¿Qué por qué? El pequeño si que tenía gracia.

- Porque me das asco.

Entonces su mirada cambió. Pasó de ser fría y calculadora, a ser confusa y sorprendida. La analizó detenidamente, como si fuera un extraño espécimen que había hallado. Su mano empezó a bordear las curvas de mi cuerpo, pero no llegó a tocar ninguna parte íntima. Me acarició el pelo y lo peinó como si fuera de seda. Y en unos minutos, se volvió a apartar de ella. 

- Bien. Ya lo he decidido.

¿Decidido? ¿El qué? ¿Qué demonios estaba pasando?

- James.
- ¿Sí?
- Tu nueva misión, ya la he decidido.
- Pero señor...
- ¡Nada de peros! ¿O prefieres enfrentarte a mi furia?

Lo miró como si fuera a arrancarle sus extremidades una a una y luego fuera a... Bueno, mejor no pensarlo.

- ¿Es realmente necesaria?
- Sí, y no quiero más quejas.

Y dicho esto, con un salto ágil y veloz, salió por la ventana. Ante aquel acto, salí corriendo y me asomé por donde el niño había salido, pero ya no había nada... Se había esfumado. Me giré para escrutar a James que me miraba muy intensamente, pero se dio la vuelta casi al instante y se dirigió a la puerta. Yo, rápidamente, me coloqué a su lado y elevé mi cabeza hasta que pude lograr ver sus ojos. Aquel color dorado era como un hechizo que me volvía loca, que hacía que quisiera tocarlo y sentir sus grandes manos por todo mi cuerpo.

- Vamos- Dijo fríamente.
- ¿A dónde voy?
- Tú vienes conmigo.

Por un momento mi respiración se detuvo mientras que analizaba aquella frase.

- ¿Por qué?
- Porque ahora... Yo soy tu protector.

Madre mía. Si de verdad él iba a ser quien me protegiera, que Dios me ayudara. No había logrado entender aun por qué estaba pasando todo esto y cada vez estaba más confusa, pero un cosa tenía clara. No sabía si debía temer por mí, o por él...



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