¡Enganchados!

lunes, 14 de mayo de 2012

El Misterio del Chico Callado


Quizás el Libro de Historia no tuviera sentido o quizás volviera a mirarle al cabo de cinco minutos, pero… Era la forma más inteligente de conseguir no mirar al chico callado. Había llegado nuevo hacía un par de días y, aunque era muy guapo, no se relacionaba con nadie e intentaba mantenerse alejado de todos. Siempre mantenía sus ojos clavados en la ventana de clase mirando al más allá como si estuviera en un mundo diferente. Ninguno de mis compañeros había logrado tener una conversación de más de diez segundos con él y había llegado un punto en el que se había vuelto invisible…

Un día, no me encontraba bien y le pedí permiso al profesor para ir a la enfermería. En mi trayecto, de repente, vislumbré un brillo extraño en uno de los rincones. Al acercarme, descubrí que se trataba de un collar de perlas, pero no uno de esos normales y cualquiera… No. Se trataba del collar más hermoso y de calidad que había visto en toda mi vida. Y como si los dolores se hubieran ido y mi cuerpo hubiera sanado de nuevo, volví a clase y me guardé la joya en mi bolsillo, de manera que nadie pudiera verla. 

Al cabo de una media hora, la campana sonó y señaló el fin de las clases, así que recogí mis cosas y, cuando pretendía marcharme, el chico callado se plantó delante de mí y, sin decir absolutamente nada, me cogió del brazo y me llevó con él hasta una zona escondida. No había ni un alma y me escrutaba hasta el punto en el que llegué a creer que podría atravesarme con aquella mirada.

-          ¿Qué quieres?

-          Tú…

Fue un breve susurro, pero logré escuchar la misteriosa y oculta voz del muchacho.

-          ¿Qué pasa conmigo?

-          Tú tienes el collar.

-          ¿Qué collar?

-          El collar de perlas…

-          ¿Y qué? ¿Es tuyo?

-          Sí. ¿Me lo devolverías?

-          Mm… ¿Y qué me llevo yo a cambio?

Noté como su mirada cambiaba y como estaba maquinando la respuesta que debía darme. Y, sin darme tiempo a reaccionar, me sujetó rápidamente de la cara y me dio un increíble y profundo beso. Pude notar un sabor salado, como si hubiera estado en el mar. Creí que aquel beso duraría días, meses, años… Pero no fueron más que dos minutos. Cuando me soltó, las piernas no me respondieron y caí al suelo rendida. Él se agachó y, metiendo su mano en mi bolsillo, me sacó el collar de perlas y se marchó…

Al día siguiente, la profesora nos informó de que se había cambiado de escuela de improvisto y esa fue la última vez que volví a ver al collar y al chico callado.




No hay comentarios:

Publicar un comentario