¡Enganchados!

jueves, 17 de mayo de 2012

Antes de que salga el Sol (I.III)


Capítulo 1.3


Bajaron las viejas e infinitas escaleras de madera en forma de caracol para entrar al pub. Era un sitio rústico, con un ambiente inglés y de tonos apagados. Las mesas estaban hechas de una piedra grisácea y los asientos eran butacas largas y tenían una forma curva que rodeaba casi por completo a la mesa. Los taburetes enfrente de la barra, estaban un poco carcomidos de tantos años sin arreglarlos ni cambiarlos y había juegos como el billar, el futbolín, los dardos y más.

A pesar de aquel aspecto abandonado, era su lugar preferido. Servían la mejor cerveza de la ciudad, que traían desde la mismísima Alemania y otros países hasta España. Era popular también por sus atractivos y simpáticos camareros y camareras, que servían con eficacia y maña. Parecía que lo tenían todo.
Se acercó a la barra y un chico de unos veintiséis años le atendió.

-         ¿Desea algo, señorita?- Dijo con un tono servicial.

-         Sí. Ponme una Budweiser.

-         Yo quiero otra- Dijo Mery mientras se colocaba justo a su lado.

-         Enseguida.

Con bastante destreza, agarró dos y las abrió en escasos segundos.

-         Aquí tienen.

-         Gracias.

Y tras pagarle, se alejaron para poder sentarse en su mesa favorita, la número tres. 

-         ¿Qué te apetece hacer esta noche?- Le preguntó mientras le ponía aquellos ojitos que expresaban de todo menos cosas buenas.

-         Ni idea- Ante su respuesta, Mery puso cara de pocos amigos.

-         ¿Cómo que ni idea? ¡Vamos Ivett! Te pones así de guapa, tu mejor vestido, te animas hace unos minutos y cuando llega la hora de la verdad te cagas. No puedes ser así siempre, tienes que dejarte llevar de vez en cuando.

¿Qué se dejara llevar de vez en cuando? No podía ni estar relajada en sus sueños, ¿cómo iba a estarlo en la vida real?

-         ¡Venga!- Le puso cara de súplica- Solo hoy. Hace muchísimo tiempo que no has salido con nadie y eso que todos te miran como si fueras una diosa.

Eso era cierto. Desde que podía recordar, siempre había sido muy guapa. Tenía una melena larga y rubia que, cuando hacía Sol, le brillaba de una manera deslumbrante. Sus ojos eran azules, pero se podía divisar una mezcla donde el amarillo se mostraba al final. Siempre le habían gustado y cuando sus amigos le confunden el color (todos piensan que son verdes) ella se echa a reír como si fuera un juego muy divertido. Muchas veces le habían preguntado si se había inyectado bótox en los labios debido a su grosor, aunque nunca lo había hecho y le fascinaba el pequeño y sensual lunar que tenía a un lado de su mejilla. Estaba en forma, por lo que su cuerpo estaba delgado, pero con unas curvas que pedían ser tocadas. La verdad es que no podía quejarse.

-         Está bien…- Dijo con resignación.

-         ¡Gracias! ¡Eres la mejor!- La abrazó con afecto y le sonrió como nunca.

Cuando pasaron unos minutos, una pareja de chicos se fijaron en ellas. Uno era alto y moreno, con unos ojos oscuros (demasiado llegó a pensar). El otro tenía un pelo más clarito y el pelo le tapaba un poco la mirada así que no pudo fijarse bien. Se acercaron a la mesa y pudo notar como su amiga se retocaba el pelo y se movía nerviosa.

-         Buenas noches chicas- El hombre de ojos oscuros había comenzado la conversación. Percibió como si algo no fuera del todo bien, como si estuvieran en peligro, pero se dijo que eran manías suyas.

-         Buenas noches- Mery ya había activado sus artes para ligar. Cuando se lo proponía, conseguía que cualquier hombre se rindiera a sus pies. Sin embargo, él no parecía muy interesado en ella.

-         ¿Qué tal lleváis la noche? ¿Podemos unirnos a la fiesta?- Observé como sus ojos iban dirigidos a mí.
-         Esto no es ninguna fiesta- Mierda. Acababa de soltar otra de mis estúpidas y bordes frases. El chico me miró con más intensidad y sonrió.

-         Vaya… Pues siento molestaros- Y separó sus manos de la mesa con intención de irse.

-         ¡Espera!- Se giró hacia nosotras de nuevo- No hagas caso a mi amiga. Solo está de broma.

-         Entonces… ¿Podemos unirnos?

-         ¡Claro!

Nos movimos para que aquellos extraños pudieran sentarse junto a nosotras. Me di cuenta de que el otro chico aun no había hablado.

-         ¿Quién es tu amigo?

-         ¿Quién? ¿Él?- Señaló a su acompañante- Él se llama Eric Looper y yo soy James Smith. Encantados chicas.
-         Encantadas- Mery ya hablaba por ella, así que decidió pasar de la conversación, pero parece ser que James no le iba a dejar hacer eso.

Se sentó a su lado muy, pero que muy cerca. Intentó dejar un espacio entre ellos, pero cuanto más se alejaba, más se acercaba él.

-         Bueno… ¿Vosotras como os llamáis?

-         Yo soy Mery Collins y ella es Ivett Lemacks.

Pasaron las horas hablando y hablando. Al final, se sintió a gusto y se desenvolvió con libertad. Estaba claro que a James le gustaba, así que se pasó coqueteando un buen rato con él mientras su amiga decía que iba a “tomar el aire” con Eric. Se quedaron solos. Charlaban, coqueteaban, se miraban, se tocaban… Entonces, James la agarró de la mano y lentamente fue acercándola para besarla. Ella no sabía que hacer, así que cerró los ojos para poder fundirse con él en aquel beso. Pero… De repente…

-         Detente.

¿Qué pasaba? Ivett comenzó a mirar en todas las direcciones tras la búsqueda de aquella voz. Era grave y oscura, pero tenía un tono sensual y melódico. El chico se apartó sin comprender que pasaba.

-         Aléjate de él.

¿Qué era aquella voz que oía en su cabeza? Por más que mirase, no conseguía encontrar a nadie que estuviera hablando hacia ella.

-         ¿Es que no me has entendido? ¡Sal de ahí ahora mismo!

Fuera quien fuese, tenía muy mal carácter.

-         Mujer, si quieres mantenerte con vida, dile cualquier escusa y vete en este instante. ¡Corre! ¡Sálvate!

¿Qué diablos…? ¿Qué estaba pasando? No entendía nada de nada y cada vez estaba más confusa, pero, sin saber por qué, sintió que aquella voz decía la verdad. Sentía que debía irse, marcharse y alejarse de aquel extraño de ojos inertes. Así pues, se levantó y, mintiendo lo mejor que pudo, le dijo:

-         Perdona, acabo de recordar que tengo que hacer algo muy importante.

-         Pero…- Tenía el semblante sombrío.

-         Lo siento mucho, pero tengo que irme.

Y sin esperar si quiera su respuesta, cogió sus cosas y, subiendo las largas escaleras, salió fuera y comenzó a buscar a su amiga.

-         ¡Mery! ¡Mery!

No había respuesta.

-         ¡Mery! ¿Dónde estás? Venga que nos vamos. Tengo un mal presentimiento de todo esto…

-         Claro que lo tienes.

Se giró con una rapidez inhumana. A su espalda, James y Eric la miraban con unas sonrisas diabólicas.

-         ¿Qué le habéis hecho a Mery?- Preguntó con furia.

-         ¡Tranquila! No estamos interesados en tu amiga. Solo nos interesa tu deliciosa y extremadamente dulce sangre.

¿Sangre? ¿Cómo? ¿A qué venía todo aquello? Las cosas se volvían más raras por momentos.

-         No tengo ni idea de a qué os referís, pero quiero que soltéis a Mery ahora mismo o llamaré la policía.

Los dos comenzaron a reírse como si hubiera dicho la mejor de las bromas.

-         ¿Has oído eso Eric?- Entre risas todavía, su compañero asintió y volvió a fijar su atención en ella.

Entonces pudo ver sus ojos… No tenían ningún color. Eran… Blancos. Como si estuvieran hechos de hielo. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y la advirtió del grave peligro en el que se encontraba.

-         Lo digo en serio.

Metió la mano en su bolso, pero antes de que le diera tiempo a coger su móvil, como si fuera más veloz que el viento, James se plantó a su lado y le agarró del brazo.

-         ¿Qué crees que vas a hacer?

-         ¡Suéltame la mano cerdo!

Con un ágil movimiento, consiguió escabullirse de él y comenzó a correr en busca de su amiga. Sin embargo, algo tremendamente grande, fuerte y feroz le paró el paso. Miró hacia arriba y descubrió a un hombre… Madre santa, no habían palabras para describirlo. Era como un Dios de la mitología antigua. Tenía el pelo negro como el azabache y unos ojos… Azules. Sí, eran azules como el cielo y muy penetrantes. Su cuerpo parecía una figura perfectamente esculpida y tenía un olor masculino demasiado bueno. Aun por su amenazante aura, sus extremidades comenzaron a calmarse y comenzó a inhalar aquel olor que entró por sus orificios como una droga.

De repente, sintió como unos musculosos y cálidos brazos la envolvían para acogerla en su pecho, grande y atractivo.

-         ¿Estás bien?

Esa pregunta iba para ella.

-         Sí, pero ellos…

Un momento. ¡Que diablos hacía! Mery había desaparecido y ella solamente se preocupaba por estar cómoda entre aquellos increíbles brazos. No. Se apartó bruscamente de él, pero cuando pretendía salir de nuevo en su búsqueda, la detuvo.

-         Tranquila. Hemos salvado antes a tu amiga. Ellos solo te están mintiendo para que caigas en su trampa y cedas a sus condiciones para luego matarte.

-         ¿En serio?

-         En serio.

Levantó la vista por detrás de su hombro y observó con satisfacción como su amiga la miraba sonriendo. Estaba a salvo, eso era lo más importante. Pero espera, ¿qué hacía Mery con aquel tremendo hombre? Los miró a los dos sin entender nada de nada.

-         No te preocupes- Dijo su amiga- Te le explicaré todo cuando esto termine.

¿Esto? ¿Qué era est…? No le dio tiempo a terminar su pregunta debido a que los dos chicos se abalanzaron sobre ellos de un increíble e imposible salto para cualquier persona normal. Con un movimiento fugaz, él sacó un enorme cuchillo de uno de los bolsillos de su pantalón y, como si no fuera gran cosa, los cogió a los dos de la cabeza y con un elegante giro, les abrió la garganta a los dos matándolos al instante. Sus ojos estaban como platos y cada vez sentía más y más ganas de vomitar. ¿Qué estaba pasando aquí? Entonces observó como el cuerpo de los dos muchachos se disolvían como si fueran extraterrestres de otro planeta. Todo aquello le daba mala espina.

-         Ivett- Prestó atención a su amiga, pero su cara le decía que ella ya no era su amiga de siempre- Tienes que venir con nosotros. Vamos, entra en el coche.

Era un BMW negro, con los cristales tintados. Era nuevo y espacioso. ¿Acaso ese coche era suyo? Nada tenía sentido ya y no le importó hacer caso a la que supuestamente era su amiga, así que entró y se sentó en la parte de atrás del auto junto a ella.

No hablaron ni una sola vez, ni se miraron durante todo el trayecto.




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