¡Enganchados!

lunes, 19 de marzo de 2012

.Amor Ardiente 8.

Capítulo 7

     ¿Por qué diablos había hecho todo esto? Hasta yo mismo me calificaría como un acosador. Sin embargo, había algo dentro de mí. No se si sería un simple impulso, o que mi demonio interior me obligaba a ello. El caso era que ahí estaba. Andando junto a ella como si todo fuera tan normal. ¿Acaso no me temía? ¿Como podía haber accedido a hacerlo? La verdad, no me importaba. Solo tenía la necesidad de conocerla. Su casa, su personalidad, sus amigos, su familia, su cuerpo, ¡todo! No me importaba si mi mera existencia le afectaba o no.   De todas formas quería poseerla. Hacerla mía y abrigarle con el calor de mi cuerpo. Hacerle el amor todo el día y que se durmiera a mi lado, exhausta por el desenfreno. Tomar su cara y besarle...
     No sabía como iba a conseguirlo, pero lo haría, cogiéndole su delicada mano y recorriéndole con mis labios hasta llegar al lugar más escondido, el más profundo. Mía. Ella me pertenecería.
     De repente, su móvil sonó. Era una canción bastante antigua, pero pude reconocerla. Ella respondió a la llamada:

- ¿Dígame?

     Pasó un corto tiempo donde pude escuchar una voz masculina al otro lado.

- Sí. Ahora mismo estoy un poco ocupada.

     Y otro tiempo.

- ¿Tan importante es? ¿No puedes pedírselo a nadie más?

     Y otro...

- Ay... Bueno, está bi...

     No pude resistirme. Si ella accedía a hacerlo se marcharía y yo no quería eso, así que en ese momento le agarré del brazo y le miré a los ojos. Fue un gesto de súplica, pidiéndole que no me dejara.

- ... Escucha, ¿puede ir con un amigo?

     Mierda. Ahora las cosas se habían tornado de otra manera.

- De acuerdo, gracias. Allí nos vemos.

     Y colgó.

- Me parece que tendremos que aplazar lo de mi casa. Tengo que ir al pub de un amigo. ¿Te vienes o has cambiado de idea?

     Dudé por un instante. No sabía qué hacer. Quizás el que la había llamado era su novio... No. Ella acababa de decir un "amigo". ¿Qué debía hacer? Sabía que quería conocerlo todo sobre ella, pero ¡¿ahora?! Que locura... Por consiguiente, dejé que mi instinto me guiara.

- ¿Quién es ese amigo tuyo?
- Alguien, no le conoces.

     Se mostraba a la defensiva, que gracioso.

- Quizás si.
- O quizás no.
- Pues tendremos que demostrarlo.
- Si insistes...

     Era posible que todo esto no fuera más que un juego, que solo lo hiciera para olvidar mis pesadillas pasadas, pero sabía y tenía una cosa clara. ¡No me lo había pasado mejor en toda mi vida!




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