¡Enganchados!

miércoles, 29 de febrero de 2012

En Busca de la Imaginación (V.II)

Capítulo 4.2

          Nada por aquí, nada por allá. ¿En dónde diablos estábamos? El lugar por el que nos había conducido el señor Johnson parecía el camino hacia nuestro final. Quizás así era...  Quizás todo esto no fuera más que la estancia en el purgatorio donde todas las almas esperan su juicio. Por consiguiente, Edward sería el guía de los espíritus que vagan por estas tristes y desesperadas paredes anhelando (aun sabiendo que carecen casi absolutamente de esperanza) que puedan ser salvados. ¿Estaba muerto? ¿Verdaderamente había dejado de existir en el mundo real? Me negué rotundamente a aceptarlo. Quise dar motivos de que estaba vivo y para demostrarlo me di tal golpe en la cabeza que, aunque me cercioró de que seguía con vida, me dejó en tan mal estado que esta vez sí temí que fuera a fallecer completamente.

     Por otro lado, Marina me observaba como si estuviera loco. Sus ojos reflejaban angustia y su mano me apretaba de tal modo que había llegado a dejar de sentirla. Dejé los pensamientos de lado e intenté concentrarme en nuestra situación actual. Él todavía seguía caminando y su rostro no transmitía sentimiento alguno. Sus pasos eran ligeros y me dio la impresión de como si estuviera volando. Repentinamente, como si se hubiera quedado clavado, se paró.

- ¿Le ocurre algo?

     Su rostro había palidecido y parecía como si fuera envejeciendo a cada segundo que pasaba. Nos observó con detenimiento y entonces habló:

- Mucho me temo que a partir de aquí van a tener que continuar ustedes solos. 
- ¿Por qué?

     Marina estaba en un estado catatónico que la había dejado sin habla, así que cuando pronunció aquella pregunta pareció que un milagro hubiera aparecido. Edward la escrutó y sonrió de una manera escalofriante.

- Señora Torres, si lo desea, puede esperar en este punto aquí conmigo, pero piénselo bien. Una vez que decida quedarse a mi lado, ya no podrá cruzar allá. Eso sí, nadie sabe lo que le espera al otro extremo. ¿Y bien? ¿Qué me dice?

     Sabía que esta sería una gran batalla interior para ella y que ahora mismo estaría despedazándose por dentro. Sin embargo, me dio gusto saber que ella nunca se quedaría con alguien como Johnson.

- Cruzaré con Amancio.

     No pude evitar soltar una risita que llamó su atención.

- ¿Qué tiene tanta gracia?
- No es nada, no es nada.
- No creo que este sea el momento indicado para reírse.
- Lo siento.

     Mi lamento la tranquilizó un poco y noté como volvía a respirar con normalidad. Entonces, cogiendo el valor de donde no lo teníamos, atravesamos el umbral que se encontraba frente a nosotros.






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