¡Enganchados!

martes, 10 de enero de 2012

La Vida y La Muerte.

     Ayer sentí que mi vida no era mía. Sentí que yo no era yo. Como si el mundo no fuera más que un libro y nosotros fuéramos sus personajes. Como si mi cuerpo no me perteneciera y no fuera nadie.
     Entonces me pregunté, ¿de dónde venimos?
La mayoría de la gente diría: " De nuestros padres. "
¿Y nuestros padres? Pues de nuestros abuelos, estos de los bisabuelos, y ellos de los tatarabuelos, y los anteriores de los anteriores, etcétera.
     Si empezamos a plantearnos estas ideas, no llegaríamos a una conclusión definitiva. Por eso, ¿de dónde viene el mundo? Unos piensan que el mundo fue creado por un Dios, una entidad superior a  nosotros. Pero entonces no seríamos más que unos peones, unas marionetas. Colocadas en un tablero de ajedrez jugando a ser rey o reina.
     Otros creen que el mundo se originó por el Big Bang, y otros... En fin, ya me vais entendiendo, ¿no? Pues este fue el planteamiento que estuve manteniendo conmigo misma mientras me sentía una extraña. Por ejemplo, mi nombre. Aun sabiendo como me llamo, podría haber sido cualquier otro y entonces, ¿sería otra persona?
     Descubrir la verdad sobre las cosas siempre ha sido un enigma difícil. Me sentí pequeña, enana. Incluso más que un átomo.
     Nunca solemos preocuparnos por estas cosas, y siempre vivimos la vida como queremos. Pero, ¿qué vida es esta? ¿Cómo podemos vivir sin saber nada?
     Hay una cosa, por ejemplo, a la que todos tememos:

" La Muerte"

      Las personas, desde que nacen, viven preparándose para ello, para morir. Por consiguiente, ¿qué significado tiene la vida? ¿Para qué vivimos si sabemos que al final nuestra historia quedará en el olvido? Moriremos, eso está claro. Creo que eso es lo que nos impulsa a vivir. El sentimiento de perder todo en un segundo, en un instante.
     Pero, ¿realmente tememos a la muerte o nosotros queremos temerla? el otro día, vi un vídeo en el que hablaban de una persona importante. Había estado a punto de morir en viaje en avión y había confirmado que, aun sabiendo lo que le iba a ocurrir, no tenía miedo. Solo sentía tristeza y pena. Solo por no haber hecho cosas que él habría querido y darse cuenta de cuanto quería vivir. Si expusiéramos la vida así, querría decir que somos unos egoístas. Vivimos como queremos y somos libres de hacer lo que nos plazca. Entonces, ¿por qué solo nos damos cuenta de lo que nos importa cuando nos encontramos de frente con los problemas? Quizás porque todos estamos ciegos. Somos como una flor sin abrirse porque tememos que si lo hacemos, nuestros bellos pétalos se destrozarán con el tiempo.
     Esto es lo que me dije a mí misma:

- Puedes sentir que no eres tú, que perteneces a un mundo que no conoces y que eres el ser más insignificante sobre la faz de la Tierra. Pero nunca olvides una cosa:

VIVE Y NO LUCHES CONTRA LA MUERTE, PORQUE
ES ALGO QUE EL DESTINO HA 
MARCADO Y NO PUEDES
EVITARLO.       







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