¡Enganchados!

jueves, 5 de enero de 2012

Dedicado a mi inspirador: Francisco Céspedes.



     Le miré. Me miró. Ambos nos miramos y sentimos ese hechizo. El que cuando recae sobre ti sabes que no hay nada más. Solo nosotros dos. No importaba nada, ni nadie. En ese momento nos encontrábamos mágicamente solos bajo los rayos de la luna y bailábamos embriagados por la melodiosa música de Francisco Céspedes. Nuestros cuerpos seguían el ritmo y danzaban lentamente y muy pegados. Su mano en mi cintura, la mía en su hombro. Un, dos tres, un, dos, tres… Cada latido de su corazón rebotaba en mi interior y sonaba como las campanadas de una iglesia. Llegó un instante en que creí que me encontraba en un sueño, así que cerré los ojos y dejé que mi imaginación me guiara en cada paso.

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     Quizás la locura no sea buena, o quizás si. Pero todos tenemos bien sabido que la vida es locura. ¿Qué seríamos sin ella? Quizás no tendríamos ni la fuerza para hacer las cosas. No tendríamos el valor de hacer nada, por mucho que quisiéramos. Por eso, hay ciertas palabras que llaman mi atención siempre que las escucho:

“Esta Vida Loca, Con Su Loca Realidad”

No sé cual fue el momento en que me di cuenta que había sucumbido a ella. Me había arrastrado con su magnetismo y había cambiado mi vida. Y duele cada día porque se… Bueno, en realidad no se nada y esa es la razón de que duela y la mantenga en el fondo más oscuro de mi ser. En una lejanía absoluta y profunda.






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