¡Enganchados!

domingo, 22 de enero de 2012

.Amor Ardiente 6.

Capítulo 5

     La casa de la costa. El pequeño y acogedor lugar donde pasaba mis vacaciones de verano de pequeño. Recordaba la playa, el olor del mar, la arena, mis viejos amigos, mis ligues y la felicidad que pasé en aquellos tiempos.
     Entré en mi, "temporalmente", hogar. Estaba sucia, ya que no había pasado por allí nadie desde que murió mi madre. Dejé las maletas en el armario y me puse manos a la obra. Estaba decidida a dejarla, antes que nada, como una patena.

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     Todo brillaba y estaba perfecto. No me considero un maniático de la limpieza, pero eso era una de esas cosas que debía hacer. Me dirigí a mi habitación. Saqué un bañador negro de Nike y una camiseta azul que ponía "Beach". Me sentía cómodo, a gusto. Cogí una bolsa de playa, metí en ella lo necesario y me encaminé a alguna cafetería enfrene del mar donde pudiera tomarme algo fresco.
     Todo estaba lleno de gente y me costó encontrar una silla donde sentarme. Le pedí a la camarera una limonada y algo para picar, que fue muy rápida en traérmelo.

- Gracias.
- De nada señor. ¿Está usted de vacaciones?
- Algo así...
- Pues ha venido al mejor lugar. Este sitio es uno de los más visitados por la gente.
- Ya, ya lo veo.
Bueno, pues a ver si vuelve otro día.
- Igualmente... Eh...
- Caty. Me llamo Catalina, pero todos me dicen Caty.
- Encantado, yo soy Sergius.
- Encantada.

     Y con su coleta de caballo meneándose, se dio la vuelta y se marchó.

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     Hoy hacía un magnífico día de sol, así que me puse uno de mis mejores bikinis y me fui al "Mary's Cafe". La dueña era una inglesa muy graciosa y simpática que gustaba a todo el mundo y que cada vez que me veía me invitaba a algo, aunque yo insistía en pagarle.
     Como siempre, la zona estaba abarrotada, pero un grupo desalojó una mesa y pude coger sitio. Pedí lo de siempre, un zumo de naranja natural y una tostada de tomate. Caty, la camarera, ya me había visto y vino a tomarme nota.

- ¡Hola Amalia! ¿Qué tal?
- Hola. Muy bien, Caty.
- ¿Qué vas a tomar hoy? ¿Lo de siempre?
- Sí, sabes que no pido otra cosa.
- Está bien, ahora vuelvo.

     Se marchó dando saltos y yo saqué el libro que me había traído para leer: "El Mercader de Venecia" de Shakespeare, aunque estaba en inglés. Caty fue tan rápida como siempre en traerme las cosas y se marchó casi al instante. Yo me introduje en mi libro mientras tomaba un poco de mi tostada.

- Con que Shakespeare, ¿eh?

     Me di la vuelta. Detrás de mí, un hombre moreno y de ojos azules como el cielo me observaba desde su asiento.

- Sí, Shakespeare.
- Es un escritor muy bueno. mi obra favorita es "Romeo y Julieta". Creí que iba a llorar cuando llegué al final de la historia. 

- Sí... Yo también.

     ¿Un hombre llorando con un libro romántico? Que ironía... Él me sonrió de manera cordial y siguió a lo suyo. Yo me quedé escrutándole por un momento con cierto interés. ¿Quién era aquel extraño?

- Si sigue mirándome de esa manera me obligará a pensar que es una pervertida...

     Me puse totalmente colorada. ¿Quién se creía que era? Me di la vuelta y volví a enfrascarme en mi libro mientras, esta vez, me tomaba el zumo e intentaba evitar su presencia.











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