¡Enganchados!

lunes, 26 de diciembre de 2011

.Amor Ardiente 5.

Capítulo 4

     Miré la hora del reloj por décima vez. Las seis y cuarto. Solo habían pasado siete minutos desde que había llegado, pero cada vez tenía más ganas de marcharme. Cuando noté que mis piernas iban a sacarme de ahí por sí solas, la recepcionista (señora regordeta, de nariz aguileña y  pecosa) pronunció mi nombre y anunció que era mi turno. De verdad me encontraba en aquel lugar...

     La consulta psiquiátrica del doctor Manuel Gil. Ni siquiera comprendía que era lo que me había alentado a ir a ese sitio. ¿Quizá fue la figura imponente del hombre que impidió mi muerte? O... ¿Yo mismo intentando liberarme de la pesadilla que me perseguía? En fin... El caso era que ahora debía afrontar la prueba que iba a transcurrir en unos segundos.  

     Me dirigí con paso lento, pero corazón embalado hacia la puerta de la consulta. Mis dedos se situaron en el picaporte , y lo giraron abriendo la puerta. Dentro, un personaje de aspecto amable y acogedor, clavó su mirada en mí ante mi acto de presencia. Estiró su brazo en forma de saludo. Yo se lo devolví estrechándonos las manos.

- Encantado de conocerlo señor Smith.
- Igualmente, doctor Gil.
- ¡Oh! Solo llámeme Manuel. Gil es demasiado formal.
- De acuerdo.
- Bueno y dígame... ¿Vive usted aquí en Murcia?
- Sí.
- Pero, ¿es nativo o viene del extranjero? Lo digo porque su nombre, apellido y hasta su aspecto dicen lo contrario. Tal vez me equivoque...
- Del extranjero. Resulta que mis padres se separaron y estuve viviendo la mayoría del tiempo con mi padre, inglés, en Canadá, pero mi madre, que es española, tuvo otro juicio con mi padre para ver quien se quedaba con mi custodia y ganó. En total llevo viviendo aquí desde los dieciséis años.
- Y ahora usted tiene...
- Treinta.
- De acuerdo.

     El doctor iba anotando una gran cantidad de datos en su ordenador a la vez que charlaba conmigo.

- Y, ¿podría decirme cual es el motivo por el que se encuentra aquí?
- Pues el caso es que... Mi novia, que es la mujer de la que estoy enamorado, está casada con otro.
- ¿Podría contarme un poco más acerca de eso?

     Le conté todo lo que creí conveniente y le expliqué detalladamente lo que me había ocurrido. Manuel me miraba casi sin pestañear, y su mirada amable y cálida se había vuelto realmente seria y calculadora. Estaba analizando mentalmente cada frase y cada palabra que decía de un modo infalible.

- ... Y eso fue lo que me pasó.

     Acabé concluyendo.

- Muy bien. De modo que usted está resentido y desea liberarse de la imagen y del daño de esa mujer tal y como la encuentra ahora, ¿qué es...?
- Una zorra rompe corazones.
- Eso...

     El señor Gil seguía apuntando cosas en su ordenador y, de repente, vi que finalizó el tecleado y que la impresora comenzó a funcionar. De ella salió un papel y lo selló.

- Aquí tiene. En este escrito consta una justificación para su trabajo y demás de que usted puede tomarse un mes de baja debido a que usted tiene depresión.
- ¿Depresión? No sea ridículo. Es cierto que me he sentido un poco atormentado, pero tampoco es para...
- Señor Smith, le recomiendo que se tome este mes como unas vacaciones y se relaje. Le veré a la vuelta para ver si su estado de ánimo es positivo y hágame un favor.
- ¿Cuál?
- Conozca a otras mujeres.

     Desde que salí de allí, no recordé nada. Solo que me encontraba en un tren con mis maletas en dirección a Barcelona, a la vieja casa de la costa que mi madre me dejó a su muerte.
















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